Desde que nos expatriamos, exiliamos, abandonamos nuestro queridísimo país, gracias a el cierre de CMA, que por demás ya saben ustedes, que no fue una decisión ni fácil, ni placentera, ni rápida, sino todo lo contrario, decidimos realizar dos visitas al año, una en mayo, para visitar a la Jefa de jefas, y a los hijos que andan por la tierrita, básicamente, y la otra en diciembre, para igualmente, solo que le añadimos mi, ya clásica procesión a la Villa de Guadalupe, el 11 de diciembre en la noche, para estar a las meras 00:00 del 12, ahí arriba, en el cerrito.
Para los que no saben de estas vivencias meramente mexicanas, y/o les aterran las multitudes, he de decirles que yo este año cumplí mis bodas de plata, si oyeron muy bien, XXV añotes ininterrumpidos de realizar mi peregrinación en compañía de mi primo Ernesto, siempre, de mi sobrina Abril, mi hermana Lupe y mi compadrito Ray, casi siempre, algunas veces Tom (muy pocas porque no le gustan las multitudes, y mis hijos, y algunos sobrinos, que de repente les entra lo Guadalupanos, este evento en el que participamos con otros tantos (millones) de mexicanos es algo digno de vivirse, de experimentarse, de compartirse, y todo lo que termina en "irse".
Nuestra peregrinación inicia desde luego en mi camioneta, la Gringa, porque hay peregrinos que se la echan a pincel, a patín, a pata, a pie, o en bici, y que vienen de lejos, muuuy lejos, nosotros no somos tan aguerridos, la mera verdad, pero eso no tiene mayor trascendencia, lo verdaderamente importante es la actitud, la disposición, la entrega de todos los que nos reunimos ese día.
Fíjense ustedes, somos miles de personas, que finalmente en el conteo hacemos millones, todos compartiendo un mismo fin, agradecer los favores recibidos, y pedir por las necesidades que se tienen, propias o ajenas,pero todas cercanas.
Yo siempre llevo un costal de peticiones, porque todas mis amigas saben que voy a ver a la Patrona y me hacen sus pliegos petitorios.
Agarramos camino como a las 7 de la noche, y ahí empieza el baile, nos cuesta un triunfo llegar hasta nuestro destino, cierran las calles, desvían el tránsito, hay un verdadero caos, pero qué creen, es un caos diferente a todos los caos viales del año, es un caos con buena voluntad, es un desorden ordenado, como que llevamos en el alma un sentimiento distinto, ese día, se los puedo asegurar, no te injertas en pantera, no sacas al Goofy que traes adentro, no sacas el fua, manejas con cortesía y sin prisas.
Desde que hice mi primera procesión, me quedé impactada, todo el camino desde que inicia la Calzada de Guadalupe está repleto de Guadalupanos, durante algunos años nos acompañó un amigo de Ernesto, que curiosamente era judío, pero iba con nosotros, y yo le pregunté por qué lo hacía y su respuesta me dejó gratamente impresionada, él me dijo, Yola, en México el 100 % son católicos, pero el 101% somos Guadalupanos. Creo que tiene razón. Pero así como habemos peregrinos, también hay seres humanos caritativos que le llevan a los peregrinos alimentos, agua, café, naranjas, de manera tal, que su camino les sea más leve, menos azaroso, más placentero. Es increíble la cantidad de personas que realizan esta maravillosa acción, sin ningún interés, por pura solidaridad.
Siempre que ando en mi caminata, me acuerdo de la canción de Serrat, de la Fiesta, porque en verdad que ese día puedes ir caminando junto a un hampón, junto a un santo varón, junto a una pandillera, junto a una bibliotecaria, un niño, un perrito, un bebé en su carreola, y es increíble que la gente tenga la cordura de protegerlos, no obstante la cantidad de almas con sus respectivos cuerpos que nos encontramos ahí congregados.
Nosotros tomamos algunos atajos, por el bajo mundo, porque Ernesto es una pistola Magnum recargada y sabe todos los recovecos y cómo llegar a nuestro destino cortando camino y sacándole la vuelta a la muchedumbre.
cuando finalmente llegamos al cerrito, hasta mero arriba, realizamos nuestros rezos, nos comemos nuestra naranja, que nos dieron los samaritanos, disfrutamos los fuegos artificiales que he de decirles que son impresionantes, pues están por todo México, felicitamos a Lupe, ja, ja, ja, no se nos puede olvidar, nos bajamos y nos tomamos una foto en un puesto cuyo fotógrafo ya hasta nos conoce y emprendemos la retirada, con las pilas bien cargadas, llenos de buenas vibras, reconciliados en el mundo, orgullosos de ser mexicanos y más todavía de ser Guadalupanos.
Llegamos a la conclusión de que como México no hay dos!!!!! To be continued.....
sábado, 26 de enero de 2019
viernes, 25 de enero de 2019
Gracias Tequila......
De los eventos que más importancia tiene en la vida de un niño, es la llegada de un perrito, esa cosita peluda, tan vulnerable, viene a cambiar el ritmo en la vida de toda la familia.
Así llegó tequila, la noche del 23 de marzo de 2004, la familia había despedido semanas antes a Drake, una Pastor Alemán, hermosa, que nos acompañó junto con Turbina, una French Poodle, también excelente compañera, durante 12 y 13 años, respectivamente.
Yo siempre he pensado que un niño sin perro es como un entierro sin muerto, como un cumpleaños sin pastel, como una boda sin novia, toda la vida he tenido conexión con los perros, no así con los gatos, excepto mi Pequeño Gato (mi hermana, a la cual siempre le hemos llamado Gato, sin que nadie sepa ni a quién se le ocurrió ni el por qué. De igual forma a mi me han llamado Hormiga), así las cosas, mis hijos tuvieron siempre a su lado un perro a quien amar, cuidar y respetar. Sin embargo, cuando se fueron Turbina, primero y al año siguiente Drake, yo consideré que ya habían cubierto su cuota infantil de apego a un animalito, ya no tendría que gastar en psiquiatras por algún trauma infantil debido a la carencia de una mascota.
Meses antes de estos sucesos, mi amiga Lulú Flores me quería regalar un perrito, pero yo no lo acepté porque Drake era súper territorial y odiaba a todos los animales que veía a su paso, incluida Turbina, a quien le hizo bullying durante toda su vida.
Lulú supo de nuestra pérdida y entonces aquella tarde de marzo me habló y me dijo que Alma Madrid, una amiga mutua, me quería regalar una perrita, hija de su perro que era muy fino, se trataba de una Schnauzer, yo no quería más perros que cuidar, pero Canelo, todavía estaba chico, tenía 11 años, él quería un Rottweiler, que he de decirles que a mi me dan terror, y ante la posibilidad de que Tom cumpliera sus deseos infantiles, pues le dije al Canelo, vamos a ir a ver una perrita, si te gusta nos la quedamos, si no, no. Adrián no tenía la mínima idea de la raza, pero solo preguntó de qué tamaño iba a quedar, yo le dije, como Turbina, más menos, puso carita fea, él quería un perrote, que llenara los zapatos que había dejado Drake.
Llegamos a casa de Alma, entramos a un estudio donde estaba Tequila, se veía preciosa, con su corte de pelo a la moda, muy arreglada, yo entré primero, Tequila me vio y ni me peló, pero cuando Adrián apareció atrás de mi, se bajó del sofá de un brinco, corrió hacia él, al más puro estilo, me voy contigo, de aquí soy, ya tengo dueño, le hizo cualquier cantidad de fiestas, definitivamente hubo conexión, y desde ese momento se volvieron inseparables.
Tequila nos dio tanto amor, tanta compañía, se volvió parte esencial de nuestra vida, los años fueron pasando, así como van, rápido y no tan rápido, Adrián fue creciendo, y de repente él y Tequila se quedaron solitos, claro Patricia María siempre ha estado con ellos. Adrián se hizo cargo de ella todo el tiempo, con una responsabilidad que me dejó apantallada, pendiente de ella todo el tiempo.
Adrián conoció a Paty, que ahora es su esposa, ella nunca había tenido un perrito, hasta le daban miedo, pero TEQUILA se la fue ganando, y ella también, pues compartir a Adrián no fue fácil para una perrita vieja y consentida.
Tequila cumplió 15 años el 17 de enero, eso es algo muy curioso, ya que nació el mismo día que Tom, o sea, manteles largos familiares. Entonces, ya disminuida, iniciando la recta final, tuvimos toda la familia que decidir despedirnos de ella, como se lo merecía, acompañada, sin dolor, como llegó a nuestra vida, con muy buena vibra. Fuimos a la veterinaria y estando ahí, todos juntos, momentos antes de decirle adios, entró Alma Madrid, mi amiga que 15 años atrás nos la había regalado, es algo de verdad extraño, salió de la nada, nos abrazamos, le dimos las gracias por habernos hecho tan felices con ese regalo maravilloso, que a todos nos vino a completar, fue como cerrar un ciclo, ella estaba muy feliz de saber que Tequila tuvo una buena vida, que no fue un perro de azotea, que vivió tantos años formando parte de la familia Flores Benítez.
Siempre que alguna mascota llegue a tu vida, hay que pensarlo muy bien, porque una vez que entra, ya no sale hasta que la muerte nos separe...
Tequila se llevó su cuerpo, pero nos dejó su recuerdo. To be continued......
Así llegó tequila, la noche del 23 de marzo de 2004, la familia había despedido semanas antes a Drake, una Pastor Alemán, hermosa, que nos acompañó junto con Turbina, una French Poodle, también excelente compañera, durante 12 y 13 años, respectivamente.
Yo siempre he pensado que un niño sin perro es como un entierro sin muerto, como un cumpleaños sin pastel, como una boda sin novia, toda la vida he tenido conexión con los perros, no así con los gatos, excepto mi Pequeño Gato (mi hermana, a la cual siempre le hemos llamado Gato, sin que nadie sepa ni a quién se le ocurrió ni el por qué. De igual forma a mi me han llamado Hormiga), así las cosas, mis hijos tuvieron siempre a su lado un perro a quien amar, cuidar y respetar. Sin embargo, cuando se fueron Turbina, primero y al año siguiente Drake, yo consideré que ya habían cubierto su cuota infantil de apego a un animalito, ya no tendría que gastar en psiquiatras por algún trauma infantil debido a la carencia de una mascota.
Meses antes de estos sucesos, mi amiga Lulú Flores me quería regalar un perrito, pero yo no lo acepté porque Drake era súper territorial y odiaba a todos los animales que veía a su paso, incluida Turbina, a quien le hizo bullying durante toda su vida.
Lulú supo de nuestra pérdida y entonces aquella tarde de marzo me habló y me dijo que Alma Madrid, una amiga mutua, me quería regalar una perrita, hija de su perro que era muy fino, se trataba de una Schnauzer, yo no quería más perros que cuidar, pero Canelo, todavía estaba chico, tenía 11 años, él quería un Rottweiler, que he de decirles que a mi me dan terror, y ante la posibilidad de que Tom cumpliera sus deseos infantiles, pues le dije al Canelo, vamos a ir a ver una perrita, si te gusta nos la quedamos, si no, no. Adrián no tenía la mínima idea de la raza, pero solo preguntó de qué tamaño iba a quedar, yo le dije, como Turbina, más menos, puso carita fea, él quería un perrote, que llenara los zapatos que había dejado Drake.
Llegamos a casa de Alma, entramos a un estudio donde estaba Tequila, se veía preciosa, con su corte de pelo a la moda, muy arreglada, yo entré primero, Tequila me vio y ni me peló, pero cuando Adrián apareció atrás de mi, se bajó del sofá de un brinco, corrió hacia él, al más puro estilo, me voy contigo, de aquí soy, ya tengo dueño, le hizo cualquier cantidad de fiestas, definitivamente hubo conexión, y desde ese momento se volvieron inseparables.
Tequila nos dio tanto amor, tanta compañía, se volvió parte esencial de nuestra vida, los años fueron pasando, así como van, rápido y no tan rápido, Adrián fue creciendo, y de repente él y Tequila se quedaron solitos, claro Patricia María siempre ha estado con ellos. Adrián se hizo cargo de ella todo el tiempo, con una responsabilidad que me dejó apantallada, pendiente de ella todo el tiempo.
Adrián conoció a Paty, que ahora es su esposa, ella nunca había tenido un perrito, hasta le daban miedo, pero TEQUILA se la fue ganando, y ella también, pues compartir a Adrián no fue fácil para una perrita vieja y consentida.
Tequila cumplió 15 años el 17 de enero, eso es algo muy curioso, ya que nació el mismo día que Tom, o sea, manteles largos familiares. Entonces, ya disminuida, iniciando la recta final, tuvimos toda la familia que decidir despedirnos de ella, como se lo merecía, acompañada, sin dolor, como llegó a nuestra vida, con muy buena vibra. Fuimos a la veterinaria y estando ahí, todos juntos, momentos antes de decirle adios, entró Alma Madrid, mi amiga que 15 años atrás nos la había regalado, es algo de verdad extraño, salió de la nada, nos abrazamos, le dimos las gracias por habernos hecho tan felices con ese regalo maravilloso, que a todos nos vino a completar, fue como cerrar un ciclo, ella estaba muy feliz de saber que Tequila tuvo una buena vida, que no fue un perro de azotea, que vivió tantos años formando parte de la familia Flores Benítez.
Siempre que alguna mascota llegue a tu vida, hay que pensarlo muy bien, porque una vez que entra, ya no sale hasta que la muerte nos separe...
Tequila se llevó su cuerpo, pero nos dejó su recuerdo. To be continued......
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