miércoles, 13 de mayo de 2015

Para qué hacer las cosas fáciles, si se pueden hacer difíciles!!!!

Cuando yo era joven, una amiga mía se casó con un Chino, (se acuerdan, aquel que nos llevó a Hong Kong), y en algún momento tuvimos una relación cercana, ahí me di cuenta de lo complicado que son los habitantes de ese gran país, pues no dejo de reconocer sus méritos en el desarrollo de la humanidad.
Nunca imaginé vivir en Chinópolis, bueno, ni siquiera en Satélite, los cambios en mi vida, la verdad, no existían, era todo como muy hecho, no por ello monótono o aburrido, al contrario, me gustaba tal cual, o sea, Tom, mis hijos, mi mamá, toda mi  familia, mis amigos, mi casa, mi club, mi clase de danzón, etc., etc., de repente, ups!!! vámonos, no a Satélite, no a Cuernavaca, no señor, a Shenzhen. Así o más rudo el cambio,  vuelta de 180º.
La primera vez que fui al super mercado, fue un shock, estaba cerca del depa, no era muy grande, pero tenía todo lo que podía necesitar una ama de casa convencional, como esta Hormiga.
Entré, ya saben, muy segura de mis necesidades, hasta con mi lista en mano, las cosas normales, que por sí solas se presentan, no tenían bronca, como papel higiénico, aceite de cocina, un satén, un vaso, etc., pero..... la carne, noooo, todo en Chino y empacado, de manera tal, que para efectos prácticos, no sabes ni qué estás comprando, puede ser cerdo, res, borrego, rata, o lo que es peor, perro, o sea podrías estar cocinando y comiendo nada menos que al mejor amigo del hombre.
Había en las vitrinas unos patos con la piel negra, de lo más desagradable a la vista, nunca supe si era deliciosa o todo lo contrario, porque nada más de ver aquello se te quitaba el hambre y hasta andabas pensando en la posibilidad de volverte vegetariana.
Decidí dejar la carne para otro día, y me dirigí a los pescados, los cuales no eran pescados, eran peces, o sea, estaban vivitos y coleando, en grandes peceras, y cada pecera contaba con una red para que el cliente saque a la víctima de su antojo y se lo entregue al dependiente, el cual de un certero guamazo lo manda al otro mundo, lo descuartiza en tus narices y lo entrega con todo y sus vísceras, cabeza, etc., listo para ser cocinado.
Excuso decirles, que cuando me di cuenta del método de compra del susodicho animalito, pues me retiré de ahí, casi angustiada, me fui a otras vitrinas, había ranas vivas y ranas empacadas, ni a cual irle, vivas sentiría que estoy adquiriendo una mascota para alguno de mis hijos, empacadas, oggg, que desagradable a la vista, las opciones de compra se me iban agotando, tenía que cocinar algo, opté por regresar a los peces, y entonces encontré a un viejecito muy amable y gentil, al cual tuve que hacerle entender a señas qué era lo  que yo deseaba, como no quería yo ver a los ojos a la víctima de mi antojo, entonces volteada al revés de la vitrina le señalaba yo hacia la vitrina, y él sacaba un pez y me decía   a señas si ese era el que yo había señalado y yo le decía que sí, sin ver al animalito y entonces a señas le pedía que le quitara la cabeza, aletas, entrañas, cola ,  y que solo me entregara el cuerpo, el viejito entendió todo, muy sorprendido de que yo no quisiera llevarme todo el botín, me lo entregó y desde ese momento se convirtió en mi marchante, el único Chino de avanzada edad con el que podía darme a entender sin ninguna limitación y  todo esto a base de caras y gestos. To be continued.......

domingo, 10 de mayo de 2015

Con las vergüenzas al aire

El Metro de Shenzhen, limpio y moderno, es una maravilla, en él te transportas a todos lados, no es económico, pero a lo largo de mi vida, me he dado cuenta que el único Metro regalado es el nuestro, pues por una módica suma recorres toda Smógpolis, (módica suma si tienes empleo), sin embargo, como era el medio de transporte más común y accesible, pues pasé muchos momentos de mi vida dentro de sus vagones, y la verdad que puedo decirles que lo disfruté.
Ibamos muy sentaditos Tom y yo, muy platicadoras, y junto a nosotros viajaban una chava, su bebé y la inseparable abuela, ellas también iban muy platicadoras, cuando de repente se levantan de volada y nos gritan  una frase corta, obvio en Chino, pero que por el tono y su lenguaje corporal indicaban emergencia, nosotros, sin comprender el idioma, nos levantamos igual que ellas, y en lo que les cuento, en el asiento, que son de acero o algo así, pasó una pipí, como un verdadero riachuelo, que no logró mojarnos gracias a nuestra rápida respuesta, todo era confusión y algarabía, las mujeres se reían y festejaban, y nosotros, luego de meternos a su  carro, pues también. Resulta que en Chinópolis, los bebés no usan pañales, o sea van por el mundo echando pipí y popo, como pétalos al viento, traen unos mamelucos que les cubren las piernitas, pero que están abiertos, si señor, como se oye, por el centro de las pompis, dejando al descubierto sus vergüenzas, ja,ja, ja, razón por la cual les puse el sobre nombre de mioncitos, eso me súper llamó la atención, ya que era muy común ver a papás o mamás muy arreglados, muy ejecutivos, de traje y corbata, de traje sastre y bolso muy nice, llevar a sus mioncitos cargados o sentaditos en sus piernas rumbo a sus guarderías, para después continuar su camino a sus respectivos trabajos,  y ellos expuestos a ser bañados o premiados por sus encantadores vástagos.   Eso si, la mujer mamá del mioncito, sacó de inmediato un trapo y secó todo el siento y hasta el piso, con una gran rapidez, y dejó todo como si no hubiera pasado nada, y yo pensaba, qué no sería más fácil traer un pañal, y claro, si no quieres contaminar el planeta, pues uno de tela, con su calzón de hule, como cuando éramos chicos,, allá en el siglo pasado, cuando no había pampers, kleen bebé, huggies, y los perros se amarraban con longaniza, no creen, to be continued......