Cuando yo era joven, una amiga mía se casó con un Chino, (se acuerdan, aquel que nos llevó a Hong Kong), y en algún momento tuvimos una relación cercana, ahí me di cuenta de lo complicado que son los habitantes de ese gran país, pues no dejo de reconocer sus méritos en el desarrollo de la humanidad.
Nunca imaginé vivir en Chinópolis, bueno, ni siquiera en Satélite, los cambios en mi vida, la verdad, no existían, era todo como muy hecho, no por ello monótono o aburrido, al contrario, me gustaba tal cual, o sea, Tom, mis hijos, mi mamá, toda mi familia, mis amigos, mi casa, mi club, mi clase de danzón, etc., etc., de repente, ups!!! vámonos, no a Satélite, no a Cuernavaca, no señor, a Shenzhen. Así o más rudo el cambio, vuelta de 180º.
La primera vez que fui al super mercado, fue un shock, estaba cerca del depa, no era muy grande, pero tenía todo lo que podía necesitar una ama de casa convencional, como esta Hormiga.
Entré, ya saben, muy segura de mis necesidades, hasta con mi lista en mano, las cosas normales, que por sí solas se presentan, no tenían bronca, como papel higiénico, aceite de cocina, un satén, un vaso, etc., pero..... la carne, noooo, todo en Chino y empacado, de manera tal, que para efectos prácticos, no sabes ni qué estás comprando, puede ser cerdo, res, borrego, rata, o lo que es peor, perro, o sea podrías estar cocinando y comiendo nada menos que al mejor amigo del hombre.
Había en las vitrinas unos patos con la piel negra, de lo más desagradable a la vista, nunca supe si era deliciosa o todo lo contrario, porque nada más de ver aquello se te quitaba el hambre y hasta andabas pensando en la posibilidad de volverte vegetariana.
Decidí dejar la carne para otro día, y me dirigí a los pescados, los cuales no eran pescados, eran peces, o sea, estaban vivitos y coleando, en grandes peceras, y cada pecera contaba con una red para que el cliente saque a la víctima de su antojo y se lo entregue al dependiente, el cual de un certero guamazo lo manda al otro mundo, lo descuartiza en tus narices y lo entrega con todo y sus vísceras, cabeza, etc., listo para ser cocinado.
Excuso decirles, que cuando me di cuenta del método de compra del susodicho animalito, pues me retiré de ahí, casi angustiada, me fui a otras vitrinas, había ranas vivas y ranas empacadas, ni a cual irle, vivas sentiría que estoy adquiriendo una mascota para alguno de mis hijos, empacadas, oggg, que desagradable a la vista, las opciones de compra se me iban agotando, tenía que cocinar algo, opté por regresar a los peces, y entonces encontré a un viejecito muy amable y gentil, al cual tuve que hacerle entender a señas qué era lo que yo deseaba, como no quería yo ver a los ojos a la víctima de mi antojo, entonces volteada al revés de la vitrina le señalaba yo hacia la vitrina, y él sacaba un pez y me decía a señas si ese era el que yo había señalado y yo le decía que sí, sin ver al animalito y entonces a señas le pedía que le quitara la cabeza, aletas, entrañas, cola , y que solo me entregara el cuerpo, el viejito entendió todo, muy sorprendido de que yo no quisiera llevarme todo el botín, me lo entregó y desde ese momento se convirtió en mi marchante, el único Chino de avanzada edad con el que podía darme a entender sin ninguna limitación y todo esto a base de caras y gestos. To be continued.......
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