lunes, 16 de abril de 2018

Las bondades del Facebook

Como yo nací en el siglo pasado,  solo usaba la computadora como una máquina de escribir sofisticada, amigable, pues como ya saben, las máquinas antiguas, Smith Corona, Olivetti, eran implacables con los errores, tanto ortográficos, como de sintaxis, una vez que metías la pata, invariablemente quedaba la huella del estropicio,  se usaba la hoja principal, luego se ponía un papel carbón y otra hoja, con el objeto de tener una copia del escrito, desde luego que la copia, sufría los daños de esos errores,  y si querías entregar un trabajo impecable, como debe de ser, te las veías negras, algunas veces, echabas a perder hojas, que se iban a la basura, junto con tus ilusiones y tu paciencia.
Todas estas reminiscencias vienen al caso, porque en el 2012, nos vimos obligados a emigrar del México de mis amores, ya saben que eso de salirte de tu país, pues es bien gacho, como si te quitaran una pierna, un brazo, un ojo, algo muy preciado, como si te sacaran de tu zona de confort.
Preparándome para zarpar a la aventura al otro lado del mundo, la Mosquis me dijo, te voy a abrir una cuenta de Facebook,  porque si no, no vas a saber nada de nadie, te vas a aislar,  es importante que la tengas para que te conectes con el mundo, sobre todo con nosotros y tus amigos.
Yo la verdad jamás me había interesado en el mentado FB, no era mi onda, no lo consideraba necesario, así las cosas y a sugerencia de mi princesa, se abrió mi cuenta, en un principio, solo la usaba con mis hijos y parientes cercanos, de repente, no sé ni como se empezó a ampliar el círculo, de manera que ahora tengo muchos amiguitos FB, algunos de ellos no los conozco físicamente y sin embargo, los siento cercanos, con una gran empatía.
Por medio de este instrumento de la comunicación moderna, he vuelto a contactar amistades que tenía perdidas, que la vida nos llevó por caminos distintos y distantes.
El otro día estaba yo bobeando, cuando veo que me llegó un mensaje, era de mi maestra Rosa María Enríquez, ella me dio clases en 5o. y 6o. de Primaria, la mejor maestra que he tenido en mi vida académica, y miren que me  precio de haber tenido excelentes maestros a lo largo de mi instrucción, sin embargo, el mejor maestro es ese que no olvidas nunca, ni su nombre, ni su cara, ni su voz, ese que te saca una sonrisa cuando lo recuerdas, ese que se hace presente cuando algo te recuerda tu niñez, así las cosas, el mensaje decía que era mi maestra y que ojalá la ubicara. Cómo no recordarle, claro que desde luego que sííí!!!
En cuestión de segundos, mi mente, mi cabecita, que ya les he dicho que es muy locuaz, se regresó a mil revoluciones por minuto , y ahí estaba yo, con mi uniforme de cuadritos cafés con blanco, al más puro estilo escuela República de Yugoslavia,  mis lentes, que  usé durante 12 años, sin necesitarlos,  por un error médico, ja, ja, ja, mi fleco, en mi salón, y ahí estaba mi maestra, la mejor!
Eso de regresarte al siglo pasado, echarte un clavado a tu vida, a tu niñez, es algo muy padre, ese filósofo que dijo que recordar es vivir, dijo la pura neta.
Inmediatamente contesté el mensaje, nos pusimos de acuerdo, fecha, hora y lugar, y nos echamos un desayuno, cuántos recuerdos, cuántas anécdotas, nos pusimos al corriente, la vida ha sido buena, una buena maestra es alguien que te conoce, que ayudó a formarte, sabe de tus cualidades y de tus defectos, qué curioso, aunque hayan pasado tantísimos años,  es como si el tiempo se hubiera detenido, ja,ja,ja, volví a sentir esa confianza y ese cariño, esa conexión que siempre tuve con ella, regresé a mi jaula, y pensé, este reencuentro fue obra del FB, de no ser por esta herramienta de la comunicación moderna, no se hubiera dado, por lo menos no de esta forma. Gracias Facebook, te debo una!!!! To be continued...

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