Cuando fuimos a Africa con Picho y los nietos, hicimos un tour por la ciudad, íbamos en un coche, ya saben, admirando todo, porque cuando viajas a lugares desconocidos y aparte lejanos y exóticos, como que todo te sorprende.
Llevábamos los ojos bien pelones, algo que realmente me impactó fue ver la cantidad de monos, no tan monos, ja, ja, ja, que correteaban por las calles, así como en la Smógpolis de mis amores puedes ver perros o gatos, pues nosotros podíamos ver corretear micos. Gracias a Dios que estábamos en un coche, porque a mi me dan miedo los changuitos, me parecen de lo más salvajes prefiero no encontrarme con ellos, tan de cerca.
En un semáforo mientras esperábamos el siga, se acercó un chavo vendiendo un cuadro, artesanía local, ya saben, de madera, los motivos de la susodicha obra de arte era una aldea Masai, me encantó y como Picho es súper alivianado, me dijo llévatelo, porque yo estaba indecisa debido a que era grande y pesado, me andaba frenando pensando en cómo transportarlo para el arenero.
Como Picho iba al mando del vuelo, me dice, no te preocupes yo lo pongo en la cabina, yo lo cargo, en fin, me puso la mesa y yo pues me dejé llevar y cuando me di cuenta, ya era yo la poseedora de ese hermoso cuadro.
Cuando llegamos al arenero, Tom se impresionó por dicha adquisición, él no quiere poner ningún cuadro, solo tenemos uno de mi querida Pintora consentida, Ceci Nava, por muchos motivos, el primero es que cuando se termine nuestra aventura novelesca, Mil y una nochera, (mote de mi autoría), no nos vamos a llevar casi nada de regreso, pues ya no cabe un popote en nuestra jaula, ya son muchos años de andar chachareando, el siguiente motivo, es que por estos rumbos los hoyos que se hacen en las paredes para colgar los cuadros cuestan una lana, misma que te la descuentan del depósito, ja, ja, ja, son muy bravos mis queridos harbanos arrendadores.
Pero, como buena mujercita bella que se respete, emoción mata razón, el cuadro ya estaba en el depa, y pues ni modo.
Picho hizo el favor completo y lo colocó en la pared, hubo que ponerle taquete y toda la cosa, porque está muy pesado.
Una vez que quedó en su lugar, la verdad le dio al depa mucha vida, como que llegó a ponerle sabor al caldo, a completar la decoración, ya saben ustedes lo que significa una pared con un cuadro, es como una mujer maquillada, un hombre de traje y corbata, una dona con azúcar.
Así las cosas, todos muy felices con el cuadro, las visitas lo empezaron a chulear, y todo iba muy bien.
Los días empezaron a correr, así nomás, unos más rápido que otros, algunos con más acción, y al cabo de algunos me dice Tom, ¿ya escuchaste a tu cuadro?, yo por lo general siempre pongo música o el radio en la sala, que es donde quedó colocado, pero Tom a veces se sienta en la sala sin ruidos y se percató que del cuadro salía un sonido, como de un insecto, entonces pues me puse muy atenta a escuchar y efectivamente algo había ahí dentro.
Bajamos el cuadro, que además pesa un chorro, lo estuvimos observando y nada, ni carcomido, ni se veía nada sospechoso. Como tiene unas figuras sobrepuestas, anduve echando ojo a ver si algún insecto andaba por ahí, nada.
Al más puro estilo hormiguesco, (palabra de mi autoría), le eché harto insecticida, por todos lados y lo volvimos a colocar.
Yo me negaba a deshacerme del cuadro, porque cuando algo me gusta, me gusta, hasta las últimas consecuencias.
Los ruidos siguieron en ocasiones, a veces no, yo llegué a pensar que eran termitas, hasta alguna vez soñé que desaparecía la sala, que el alien se la devoraba completa, pero como los sueños, sueños son, pues el cuadro seguía ahí, en su lugar.
Una noche, nos acostamos a dormir Tom y yo, la Mosquis estaban en Smógpolis, estábamos profundamente dormidos, en lo que decimos el quinto sueño (no se por qué es el quinto, podría ser el sexto, o el décimo), eran como las 4 de la mañana, cuando nos despertaron unos ruidos fuertísimos, como un aletear de un pájaro o mariposa o algo así, cómo serían de fuerte que ambos nos despertamos, no sabíamos qué era, ni de donde provenían los sonidos, nos levantamos a ver qué pasaba, los ruidos venían de la sala, cuando llegamos a la sala, era el cuadro, encendimos la luz y entonces se hacía silencio, la apagábamos y se volvía a alocar el animal o espíritu o lo que sea.
Nos acercamos al cuadro, no se veía nada, decidimos sacarlo al balcón, por si acaso.
Volví a bañarlo en insecticida, y nos fuimos de vacaciones a la tierrita, un mes completito, Tom ya quería mandar el cuadro muy lejos, y yo abogué por él, decidimos dejarlo en el sol, que por estas arenas es de a 50º C, y pues con la esperanza de que el astro rey hiciera su chamba y mandara a la termita, al alien o al espíritu muy lejos, de plano lo achicharrara.
Pasaron los días, el cuadro quedó como abandonado a su suerte, imagínense ustedes lo que es estar 30 días con sus noches a la intemperie, ser de madera, y tener colores vivos.
Cuando regresamos yo esperaba que el cuadro se hubiera desintegrado, que la termita estuviera hecha pomada, que el cuadro se viera deteriorado, decolorado, desmejorado, y todo lo que acaba con ado, pues no, el cuadro estaba como Johnny Walker, tan campante, solo había que sacudirle, lo volvimos a colocar y le dije a Tom, ya con estos 30 días de exorcismo, seguro el alien ya se esfumó.
Pero qué creen, no, sigue dando lata, yo me negué a deshacerme del souvenir africano, Tom, le perdonó la vida, y a mi también, de paso, ja, ja, ja, no se ha vuelto a alocar como aquella noche, sin embargo ahí anda, no sabemos qué es, ni por qué a veces está más activo, yo ya no le tengo miedo, ahorita mismo lo estoy escuchando, ya le dije que estoy escribiendo sobre él, espero que algún día se destape el misterio, desde luego que a la Smópolis de mis amores no va a ir, porque no vaya a ser que ahí sí se escape, ya ven que si el Chapo se salió de nuestro penal de máxima seguridad, mejor no me la juego, ¿no creen?. To be continued.......
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