A mi siempre me han gustado los chistes, confieso que en más de una ocasión he dicho o pensado, no es chiste es anécdota, pero nunca lo había experimentado en carne propia, como quien dice, había pasado mi vida sin que un chistorete se metiera en mi biografía.
Les voy a contar el chiste en que se basa mi disertación, como para que me entiendan.
Una nueva rica enviuda, manda incinerar al esposo y las cenizas las coloca en una cajita muy elegante, como no se quiere separar de él, decide colocar la cajita con las cenizas en la sala de su casa. Un buen día, la muchacha que le ayuda, de nuevo ingreso, le dice, ya le limpié su cenicero, estaba bien lleno. ....Nooooooo!!!!!
Bueno, pues les cuento, cuando murió mi papá, ya les he platicado, en la carretera, yo agarré un puño de tierra del lugar y lo coloqué en una bombonera de cristal en mi vitrina, de este acontecimiento, que marcó mi vida, ya hace nada más y nada menos que 25 años.
Durante estos 25 años ahí habían estado, en mi vitrina, acompañándome, como parte de mi historia. La bombonera contenía tierra, una piedra y una flor seca, muuuy seca. Periódicamente yo la observaba, y ya saben ustedes, cómo es la cosa cuando tienes un recuerdo especial, esos objetos llegan a ser una especie de amuleto, algo que aprecias y que es muy tuyo, que solo tiene valor e importancia para ti, para cualquiera que lo ve no le significa nada, no es más que un poco de tierra en un recipiente.
Como estamos exiliados, mi casa se ha vuelto como una especie de inmueble querido, añorado y a la vez extraño y ajeno, eso es algo que no puedo acabar de entender, es tú casa y sin embargo, de repente, así nomas, sin darte cuenta, ya no es tan tuya, ya no sabes si hay leche, si necesitas azúcar, si ya pusieron el gas, etc., etc..
Estaba yo viendo mi vitrina, que he de decirles que contiene cualquier cantidad de objetos, todos ellos inútiles, que han ido a parar ahí por diversas circunstancias, algunos son herencias, de la abuela de Tom, de mi suegra, de la tía Lupe, de doña Lupe, hay también recuerdos de algunas bodas y bautizos, regalos de algunos de ustedes, y el más apreciado de todos estos objetos era mi bombonera con la tierra que recogí en el momento en que vi morir a mi papá.
Ni siquiera sé por qué recogí ese puño de tierra, fue algo extraño, el momento fue tan dramático, tan inesperado, tan rápido, y en medio de esa situación, yo agarré ese puño de tierra, y después de todo el lío que hubo que pasar hasta llegar a mi casa, busqué dónde colocarle, y desde ese momento quedó en ese recipiente de cristal cortado, muy fino, por cierto, y lo coloqué en mi vitrina.
Los años iban y venían, ya saben ustedes cómo, a su paso, ni más rápido ni más despacio, como les da la gana, porque el tiempo es así, caprichoso, y mi tierrita estaba ahí, y yo sentía bonito de verle, no se si ustedes tengan un objeto de este tipo, algo que es material pero a la vez no lo es, algo que sólo tiene significado para ustedes, pues yo sí, lo tenía.
El martes estaba yo viendo mi vitrina y algunos objetos no estaban como yo los pongo, eso no tiene ninguna importancia, pero abrí la vitrina y empecé a acomodarles a mi modo, y entonces veo mi bombonera completamente vacía, lavada, sin mácula, conteniendo solo una piedra, que además estaba lavada también. Un frío se apodero de mi columna vertebral, sentí un vacío en el estómago, la indignación, el saque de onda, la incredulidad, y no se yo que tantos sentimientos se metieron en mi alma y mi corazón.
Patricia María, la responsable, culpable, y todos los ables que le quieran poner estaban ahí, junto a mi, excuso decirles que por un momento y si hubiera sido una hada madrina o una bruja poderosa con una varita de esas que todo lo arreglan, la hubiera desaparecido, al más puro estilo "abra cadabra".
Le dije: ( o le grité????), limpiaste mi bombonera!!!!! La pobre tenía una cara de susto, y de culpable, no acertaba a contestar nada, solo pelaba los ojos.
Estaba yo tan indignada, molesta, sacada de onda, creo que en mis 60 años, que ya son un chorro, y que me han dado todo tipo de experiencias, es la única vez que he estado a punto de salirme de control. Patricia María (así le digo de cariño, porque la quiero mucho), y yo hemos tenido a lo largo de 25 años una buena relación, que empezó, ya saben ustedes, como inicia la cosa, era solo laboral, pero con el tiempo ha pasado al plano familiar, de manera tal que ambas nos apreciamos.
En un segundo, cuando estaba yo más encab..........nada, me dije: Hormiga, cálmate, jala la rienda, ya lo hizo, no hay pa'tras. Respira profundo, y me fui en el tiempo, hasta el día que llegó Paty a nuestra casa, tan jovencita, tan tímida, tan nerviosa que hasta traía en su equipaje un estuche lleno de inyecciones de Bedoyecta para los nervios, sólo le apliqué una ampolleta y con eso tuvo, en nuestra casa se halló, se tranquilizó y así ha sido hasta el día de hoy. Entonces, no sin que esto me cause aún en este momento un sentimiento de pérdida, de duelo, pensé, cuenta hasta 10, sabes exactamente el lugar donde el Pelón abandonó su cuerpo, es el km 41.3 de la carretera a Cuernavaca, cuando regrese en mayo, voy a ir a recuperar mi puño de tierra, y mi tranquilidad, no va a ser la misma tierra, pero yo creo que en parte sí, porque la tierra está siempre, desde que el mundo es mundo, renovarse o morir, ni modo, el chiste se volvió anécdota, ya soy parte de la estadística, cada que lo cuente, las protagonistas ya saben quiénes vamos a ser !!!! ja, ja, ja. To be continued........
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