Se acuerdan que alguna vez les platique sobre las compras que realizábamos mi amiguis Wendy, Rox y yo en Chinópolis, dicha disertación se llama "Wendy".
Bueno, pues en ella les comento de Johnny, el Chinito jovencito que nos ayudaba a realizar este deporte del shopping, que a toda mujercita bella nos gusta practicar.
De estos sucesos hace ya algunas primaveras, no muchas, unas 4, les platico esto, porque Johnny contactó a mi amiguis Rox, (saludos hasta Chinópolis), le envió un whats App, y en el mensaje le informa que ahora tiene una tienda de bolsas y carteras de imitación.
Le envía la localización y fotos del local, el cual dicho sea de paso, se ve muy bien puesto.
No saben el gusto que me ha dado recibir esta noticia, siempre que algún amigo o conocido recibe las bondades del esfuerzo, el éxito, se siente bien padre, como que te llenas de buenas vibras.
Imagínense, este chavito pasaba los días a la entrada del Metro de Luho (no me acuerdo cómo se escribe), en Shenzhen, esperando a los turistas, para orientarles en sus compras, una especie de guía, Johnny te hacía la vida más fácil. El trabajo de este tipo de personas es conseguirte todo lo que necesitas, sin embargo, este chavo era distinto, te conseguía la mejor calidad y precio, te orientaba, informaba, te ayudaba a regatear, lo cual es lo más padre del mundo. Porque fíjense, el regateo es como una competencia, como unas fuercitas, donde cada uno de los contendientes le pone toda la carne al asador, el vendedor para obtener el mayor precio posible, y el comprador para obtener todo lo contrario, ja, ja, ja, es una competencia muy leal, porque, a menos que uno de los contendientes sea muy papa, muy babas, muy burris, lo cual es muy raro, casi siempre se obtiene lo justo, o sea el vendedor te encaja un poco el diente, o tu de lo desencajas otro poco, pero nunca demasiado, cuando alguno de los dos competidores se sale del huacal, entonces no hay trato, y tan, tan, no se llega a nada y todos ¿¿contentos??, no, más bien todos frustrados, porque no hay nada peor que perder una compra o una venta.
Johnny, además te cargaba todas las compras, nosotros le llevábamos un carrito, o sea que no la pasaba tan mal. Lo invitábamos a comer, a veces no aceptaba, y le dábamos su buena propina, que siempre rechazaba y se la teníamos que dar a la fuerza, porque les quiero decir, que ellos no le cobran al turista, sino que los almacenes les dan su comisión. Es por esto que a veces no conviene tener un guía de este tipo, pues te llevan a sus tiendas, donde ellos reciben mejor comisión y entonces puede que no sea la mejor calidad o el mejor precio.
La ventaja con Johnny es que era un excelente guía, siempre comprometido con su cliente y miren cómo ha salido la cosa. Ahora él es el dueño de su propio negocio. Johnny es digno de mención, es un ejemplo de superación, de justicia Divina, de que al que obra bien y de buena fe la vida lo recompensa. Porque como ustedes saben, y como se dice vulgarmente, al que obra mal.... se le pudre el tamal, ja, ja, ja. To be continued........
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