Murió Juan Gabriel, vaya noticia, nos dejó perplejos, anonadados, estábamos en una noche de karaoke, nuestra mesa, era la que más aplaude, la que más canta, la más guapachosa pues, ya saben, al más puro estilo Mexicano, que es el mejor de los estilos para ir de fiesta, de farra, de guateque.
Porque, quiero decirles, que ya he tenido oportunidad de observar a muchos grupos, de todas partes del mundo, e invariablemente donde habemos Mexicanos la cosa se pone mejor, como que traemos la música por dentro, pero también por fuera.
El lugar estaba lleno, y en nuestra mesa éramos 16 solistas, ja, ja, ja, la verdad, dicho sea de paso, el grupo de las Benítez, estuvo muy bien representado, como eran 5, puras jovencitas bonitas y muy afinadas se llevaron el premio, 200 dirhams en una tarjeta para consumir cerveza, ni modo habrá que sacrificarse.
Qué padre es salir de parranda, convivir y con beber, ja, ja, ja, realmente es de las cosas que se deben hacer de vez en cuando, son momentos que te vuelven a llenar el tanque, que te recargan la pila, que te hacen confirmar que la vida es bella, que hay que seguirle, que hasta te puedes divertir, que no todo es trabajo, y que los hijos y los sobrinos se disfrutan de tantas formas, verles cantar, tan llenas de vida, reírse tan sabroso, bailar, fue muy divertido.
Juan Gabriel, fue para mi el mejor compositor Mexicano, a lo mejor alguno de ustedes no comparte mi opinión, se vale discernir, para eso se inventaron los colores, como decía mi papá, para los diferentes gustos.
Resulta que cuando yo era muy joven, allá por los años 70's escuché por primera vez a Juan Gabriel, su canción No tengo dinero ni nada que dar, realmente pegó con tubo, como se dice por ahí, yo recuerdo que la escuchaba y no me gustaba, pero se me pegaba, se me quedaba en la cabeza, no se si les ha pasado que escuchan una canción y como que la traen todo el día, la pasaban a cada rato y me daba hasta coraje, porque tenía ese efecto pegajoso y agarroso. Después, como por arte de magia, salió otra canción, igual de pegajosa, otro éxito, y otro y otro y otro, cuando me di cuenta, No tengo dinero ni nada que dar, se volvió una frase célebre, como casi nadie tiene dinero, ni nada que dar, pues lo único que nos queda es amor para amar, ja, ja,ja, y entonces ya Juan Gabriel era parte de nuestra vida, como Liverpool, de repente no había un solo mortal de por las tierras Aztecas que no tuviera un disco de Juanga, que no lo escuchara, que no cantara sus canciones, se volvió como el José Alfredo moderno, el José Alfredo de la balada, pero con un súper plus, un compositor carismático, con buena voz, con talento no sólo para componer, también para interpretar, eso la verdad lo hizo ser único, distinto, las personas que tienen la fortuna de trascender gracias a su talento, se vuelven como patrimonio nacional, como parte de la familia, pasan a otro plano, hablas de ellos como si los conocieras, como si fuera tu pariente, tu amigo, si algo les sucede bueno, te da gusto, si algo malo, te da tristeza y hasta preocupación. Yo recuerdo, cuando se cayó en el escenario, yo sentí horrible, como si se hubiera caído un amigo cercano. Tuve la oportunidad de verle dos veces en el Auditorio Nacional, ambos conciertos llenos, no cabía un alfiler, bueno, un alfiler a lo mejor con mucha maña si lo podías acomodar, ja, ja, ja. Recuerdo que al ver tanta gente reunida para escucharle, tanta gente hacer coro y disfrutar de su talento, realmente es cuando te das cuenta por qué el arte no tiene precio, porque el sentimiento que te produce un artista con su interpretación es invaluable, no se puede medir, solo hay que disfrutarlo y dejarse llevar, así nomás, como una hoja que la mece el viento, como las arenas de este desierto, que se deslizan a voluntad. La música de Juan Gabriel está en todos nuestros corazones, cualquiera que se haya enamorado, desilusionado, que haya tenido la pérdida de un gran amor, o que no tenga dinero, ni nada que dar, sabe de lo que estoy hablando. To be continued.....
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