jueves, 28 de julio de 2016

Good bye Vietnam!!!!

Siempre me han gustado los cruceros, no los de la esquina de Insurgentes y Reforma, los que van por el mar, porque como bien dijo el  Poeta, en el mar la vida es más sabrosa.
Resulta que para que  pudiera anexarme al crucero de mis amigos los Taylor, pues tenía  que hacer un chorro de cosas, reservar un avión de Da nang a Hanoi,  pero previamente checar si había lugar en el barco, entonces empieza un jaloneo muy gacho, que equivale a decir, qué fue primero, la gallina o el huevo, o sea, qué debes de ver primero,¿ si hay lugar en el crucero?, y ¿si no hay  vuelo?, o si hay vuelo y no hay crucero, ¿si no hay hotel? A todo esto hay que agregarle que soy la mujer más discapacitada tecnológica de este planeta. No se me da hablar, interactuar con las máquinas, eso de que empieza la cosa, elija su destino.. día,  hora del vuelo, cuántos pasajeros, categoría, etc., etc., ya lo tienes todo y algo pasa y vuelva a intentar. Si quiere tal marque 1, si no  marque 2,  para cancelar marque 3, la opción de mentar la madre nunca aparece. Necesitaba además 2 hoteles, los mismos de mis cuates, bueno llegó un momento que casi me jalaba los cabellos. Y en eso, que me digo, Hormiga, por qué sufres, háblale a tu asesor, a tu benefactor cibernético, PICHO, help me!!!!  En tres patadas ya estaba todo arreglado, ufff, no se que haría sin la ayuda de mi bb.
Haré un paréntesis para comentarles de la escritura de los Vietnamitas, para mi siempre ha sido importante la escritura, porque es un medio de comunicación atemporal, por medio de ella te enteras de todo, lo pasado, lo presente, lo futuro, claro que desde luego que no, no es para tanto. Derivado de este especial interés, siempre observo las distintas formas de escritura que tienen los diferentes países, claro que no entiendo sus símbolos o jeroglíficos, pero me gusta observarlos. Resulta que los Vietnamitas tienen sus símbolos Asiáticos, ya saben irreconocibles,  sin embargo, derivado de la influencia Francesa y Americana, han adoptado nuestro alfabeto, pero qué creen???, lo han complicado, como debe de ser, porque las culturas Asiáticas, a eso de dedican, a hacer difícil lo que puede ser fácil. Le han agregado a  las palabras una bola de acentos, de todo tipo y formas, como tildes, como palomitas, como comas, como puntos, unos arriba, otros abajo, algunos de lado, no manchen, doy gracias a Dios, como lo haría mi siempre recordada  y sabia tía Lupe, de ser Mexicana, hablar y escribir el idioma de Cervantes y sólo tenerme que entender con el acento tácito y el expreso, ah, y las diéresis, porque la mera verdad, por acá, para aprender a escribir, yo creo que necesitas primero ir al Psiquiatra, y  luego de una valoración, ya que vean que estás completamente en tus cabales, iniciar las clases y poder agarrar tu pluma.
Yo nunca había estado en Hanoi, pero en cuanto llegué me di cuenta que está plagado de hoteles, uno junto a otro, uno frente otro, uno tras de otro, bueno, como dirían los del FBI, te tenemos rodeado, ja, ja, ja, ahora ya sé  que nomás caminando encuentras alojamiento, los hoteles acá me resultaron una revelación, nos quedamos  en uno 5 estrellas, y en otros 3 estrellas, pues les quiero decir que obviamente las 5 estrellas se cuecen aparte, como siempre, sin embargo, los otros  2 hoteles resultaron ser muy agradables, muy limpios, cómodos y seguros. El trato, curiosamente más personalizado, al ser más pequeños, como que están más al pendiente de sus huéspedes.
Hanoi, es una ciudad grande, con mucho  movimiento, te hace pensar que jamás lograrás cruzar la calle, son tal cantidad de motos, coches, bicis, gente, todos tocando el claxón, parece que estás en una de las películas de acción, de esas que todos hemos visto  con tus palomitas en alguna tarde lluviosa.
Ingrid trae una cuerda, me hace pensar que es hiperactiva, y además no para de hablar,  teníamos 2 días libres  antes de embarcarnos, días en los que recorrimos Hanoi, a pie y en taxi. Un taxista nos quiso transar, no nos dejamos, solo quedó en anécdota y nos sirvió para  refrendar, que los taxistas son iguales y todo el mundo.
Algo que me gustó mucho, fue que en varias ocasiones, se nos acercaron Vietnamitas jóvenes, a preguntarnos cómo nos sentíamos en su país, por qué habíamos decidido visitarles, si nos gustaría regresar, si llevaríamos a nuestras familias, si nos sentíamos seguras, qué es lo qué más nos había gustado, la verdad eso es muy agradable, tener trato con los habitantes del país que se visita.
Por fin nos embarcamos, yo era la única sin pareja, todo mundo con su media naranja, o su cebollita, como decía doña Lupe (mi abuela),  es que los cruceros tienden a ser viajes romanticones, como para lunamielar (palabra de mi autoría), no obstante me la pasé muy bien.
Una vez que  el barco empieza a navegar, no manchen, qué belleza, no sabías para dónde voltear, unas montañas impresionantes, llenas de vegetación, de cavernas, de vida!!!, yo me sentía como la versión femenina de Rodrigo de Triana, ja, ja, ja, me daban ganas de subirme al mástil y disfrutar de todo el paisaje, hasta donde tu vista alcance....
El barco tenía muchas actividades, todo el tiempo te tenían ocupado  haciendo algo, la comida deliciosa, por fin encontré mi Bacardí Blanco, porque por estas tierras a cualquier ron le dicen Bacardí, y pues no.
Yo tengo mi teoría sobre el Bacardí Blanco, y es la siguiente, es como una pierna de pollo, si tu vas a un restaurante  y pides una pierna de pollo, te dan una pierna de pollo, es imposible que te den otra cosa. Así es el Bacardí Blanco, pues en estas tierras me querían dar cualquier aguardiente, hasta el Capitán Morgan que es la cosa más ogggg!! de este mundo.
En el barco, toda la tripulación era muy amable, para variar, y los meseros, además de tener su nombre Vietnamita, adoptan uno occidental, western, le llaman, para hacerle más fácil al turista la vida, lo cual se agradece, lo mismo pasa en Chinópolis. Algunos se ponen unos nombres de lo más cotorros, por ejemplo: Black, Cherry, Stanby, Candy, Johnny, Tom Cruse, este chavo en especial se cocía aparte, no solo era un mesero súper eficiente, era músico, tocaba la flauta, y una flauta rarísima de por esas tierras. Cuando se puso a amenizar la cena, realmente se notaba su virtuosidad, de manera que le pregunté dónde se había preparado para tocar así de padre, y me dice soy músico egresado de la Escuela de Música e Vietnam. Cómo puedes creer que un chavo así te esté sirviendo un café, no por menos preciar a los meseros, de ninguna manera, sino porque es como  si Horacio Franco  te estuviera atendiendo en un café de Coyoacán. Así es esta vida, ojalá algún día pueda dedicarse a la música, tiene talento.
Visitamos las aldeas de los pescadores, que están sobre el agua, y cada tres o cuatro años tienen que ser renovadas debido al deterioro que sufren por el efecto de la humedad. La gente vive en unas condiciones que no se imaginan, algunos en sus barquitos, otros en unas mini casitas sobre  el mar, la vida es dura, sin embargo, creo que la naturaleza les ofrece una belleza espectacular, ojalá la puedan apreciar, porque a veces, no hay tiempo ni capacidad para ello.
Los pobladores son amables, es un pueblo muy cordial. Quisiera que todo el que pueda se de una vuelta por estas tierras, te reconcilian con la humanidad, con la naturaleza, regresas renovado y con una capacidad de aprecio mayor hacia el trabajo de todos los que nos proveen de alimentos, después de ver lo que significa sacar un pescado, cuánto pesa la red, cuántas veces la echas y no sacas nada, cómo siembras las verduras, cuánto tiempo lleva poder cosechar y el esfuerzo físico de  los campesinos, los artesanos que ponen todo su  ingenio y su corazón en cada pieza que realizan. Y esto sucede en todo el mundo, no importa dónde sea que te encuentres, el ser humano es igual, solo varían sus facciones y su color de piel.
En el Museo de la Mujer, pude observar la importancia que tenemos en la sociedad, en todos los aspectos, no cabe duda que el hombre y la mujer no somos nada el uno sin la otra. Nos necesitamos y nos complementamos. Y las costumbres, por ejemplo, en los matrimonios, algunas tan parecidas a nuestros pueblos Mexicanos, como eso de llevar regalos a la familia de la novia, toda la ceremonia, a veces hasta algunas ropas, la manera de cargar a los bebés, las hamacas, en fin, cierras los ojos y piensas en cualquier pueblo de mi tierra consentida, y no hay gran diferencia.
La Prisión de Hoa Lo, podría ser una sucursal de Lecumberri o se San Juan de Ulúa,  los calabozos y la crueldad humana es mundial, el hombre es su peor enemigo, las torturas son iguales si las realiza un policía Vietnamita, un Gringo o un Perjuducial Mexicano. Lo que me indica que la mente humana, es eso exactamente,  va para todos los pueblos,  de igual manera. Ningún país supera a otro, la maldad y la bondad son universales. To be continued....

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