Desde que tengo memoria, y de eso hace ya un buen tiempo, me han gustado los perros, ellos han sido para mí, realmente importantes, la primera que llegó a mi vida fue Laika, una perrita Maltesa, negrita y super amorosa, yo la sacaba a pasear, me la prestaba su dueña, una vecina que estaba embarazada y pues ambas nos alivianábamos, yo disfrutaba de Laika y ella descansaba. En esa época yo tenía 6 años, mi mamá no quería tener perro, ya saben, como siempre sucede, los niños desean una mascota y a los papás les da flojera y se rehusan a darle gusto a los chamacos. Así era la cosa, de tal suerte que Laika y yo nos volvimos inseparables, hasta que un buen día, María Luisa, la dueña de Laika, que acababa de dar a luz a su bebé, cuando fui por Laika para darle su paseo, me dijo: te quiero regalar a Laika; yo me super emocioné, pero a la vez me super preocupé, porque mi mamá no quería a ningún perro en la casa, María Luisa me dijo, si tu no la quieres voy a buscar a otra persona que sí la quiera, nooooooo, eso significaba no volverla a ver, lo cual desde luego nos hubiera roto el corazón a las dos, porque he de decirles que así como Laika era para mi lo máximo, pues yo también lo era para ella. Entonces empezó el baile, ya saben convencer a la mamá, lo que no era nada fácil, sin embargo, yo le dije a María Luisa que sí la quería, que me la diera a mi, y me la leve a mi casa, ya imaginan, luego de prometer, prometer y prometer, hasta convencer, mi mamá aceptó a regañadientes a Laika, la cual llegó a ser para la Pichus una gran compañera, Laika estuvo con nosotros 19 años, y todavía está en nuestros corazones, así de importante es un perro en la vida de un niño, yo siempre he sostenido, que un niño sin perro, es como un entierro sin muerto. Por eso cuando nacieron nuestros hijos siempre tuvieron sus mascotas y la siguen teniendo.
Bueno, pues estando en Chinópolis, extrañaba yo a mis hijos, a mi mamá, ya saben a todo mundo, y desde luego a Tequila, mi perrita, una Snauzer que es la neta del planeta. Como no podía yo tener a nadie de todos los que extrañaba, me sentía sola, como perro sin dueño, ja,ja,ja o con uno de esos dueños que te echan en la azotea y ahí te dejan. Un día íbamos caminando por una calle mi amiga Rox y yo, y vimos unos perritos en una jaula, los estaban vendiendo, ya saben los cachorritos siempre te roban el corazón, había como 5, negritos, cafecitos, pintitos, etc., etc., ay, que ganas de llevarme uno a mi jaula, pero cómo cuidarle, la vida allá, para mi, era muy incierta, Tom no estaba contento, y yo, como siempre, lista para lo que se ofrezca, y en base a mi Código de Ética, si un animalito llega a mi vida, se queda hasta que la muerte nos separe, no puedo regalarle, imposible deshacerme de él, entonces decidí seguir mi camino y olvidarme del asunto. Así siguió la cosa, hasta que un buen día, entré a un almacén, iba yo distraída, bobeando, cuando de repente lo vi, ahí estaba, echado, con su carita alegre, su lengüita rosada, parecía sonreírme, no era chico ni grande, pensé, de tamaño está perfecto, peludito, color miel, una especie de labrador, le dije, tu te vas conmigo, no me importa si me quedo aquí o me voy, si a Tom le gustas o no, si tenemos que emigrar Spoiler (así lo bauticé), te vas con nosotros, ni siquiera pensé en lo que conlleva viajar con una mascota, ya saben, certificado de vacunación, permisos, jaula, etc, lo abracé, lo acaricié y me lo llevé a mi casa, cuando llegó Tom, Spoiler estaba echadito en la cama, se veía hermoso, y me dice ¿y esto?, y yo le digo, nada, que ya tenemos perro, y él me dice, ah, está padre. No nos dio ningún problema, porque cabe decir que, Spoiler, es de peluche. To be continued.....
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