En todo Chinópolis se acostumbra en las noches realizar unos ejercicios en las plazas públicas, los cuales se llevan a cabo al compás de una música muy melodiosa, muy suave y rítmica, se reúnen personas de todas las edades, pero en su mayoría es gente mayor, de ahí el nombre que se le ha dado a esta práctica, el baile de las abuelas, una instructora, pagada por el Estado, y varias ayudantes llevan la sesión.
Mi amiga Rox y yo veíamos a las personas en una plaza cercana a nuestros departamentos haciendo los ejercicios y se nos antojaba, pero no nos animábamos a ir pues solo había Chinos y Chinas y pensábamos que no nos iban a aceptar en su grupo, hasta que una noche nos pusimos de acuerdo y decidimos probar suerte. Nos presentamos muy puntuales y a puras señas pedimos permiso para entrar, la instructora nos dijo que sí, e iniciamos nuestra rutina, la gente nos veía muy raro, éramos las únicas extranjeras, allá les llaman Westerns, la reacciones de la gente eran muy diversas, algunas nos veían con simpatía, otras con curiosidad, pero una mayoría, la verdad se veían incómodas con nuestra presencia, como que hasta molestas. Nosotras muy concentradas en nuestros ejercicios hacíamos caso omiso de esas muestras de antipatía y seguíamos bailando.
Se veía muy sencillo, muy suave, parecía un ejercicio para viejitos, sin embargo, pues cual va siendo nuestra sorpresa al ver que el ejercicio era realmente fuerte, cuando menos te lo imaginabas ya estabas sudando como en cualquier sesión de aeróbics, las viejitas muy seriecitas seguían baile y baile, sin inmutarse, yo a veces ya quería tirar la toalla, pero al ver estas señoras tan enjundiosas, pues sacaba la casta y ni modo, a seguir bailando. Las sesiones duraban hora y media y eran gratuitas. Íbamos todos los días y como bien saben ustedes, la costumbre es algo muy curioso, se hace ley, cuando menos acuerdas, de tanto que te ven, el grupo te va aceptando, y en algún momento, imperceptible, así nomás, pasamos a ser de intrusas a miembros del grupo, el idioma era una barrera, sin embargo, a señas ya nos comunicábamos y nos saludábamos muy amablemente, un día nos fuimos de compras y faltamos a la sesión, y al día siguiente nos preguntaron por qué no habíamos ido, fue muy curioso y muy padre sentirnos parte de ese grupo de gente tan ajena y a la vez tan cercana. Estas prácticas deberían de realizarse en todos los países pues son relajantes y fomentan la convivencia y el deporte y benefician la salud y hacen la vida más guapachosa. To be continued.....
No hay comentarios.:
Publicar un comentario