En Shenzhen hay, como en todas las grandes ciudades del mundo, rascacielos, el más importante es el KK 100, que es el edificio más alto de esta hermosa ciudad, el KK 100 tiene, como su nombre lo indica 100 pisos, y cada piso tiene una altura aproximada de 4 metros, o sea que es bastante alto, en él se encuentra el Hotel San Regis, del piso 4 al 75 son oficinas, del 75 al 95 está el Hotel Saint Regis, que es precioso, elegante, digno del Primer Mundo, en el piso 99 está un restaurante, que además de tener excelente comida, ofrece una vista espectacular de la ciudad, 360º de vista, y arriba del restaurante, no podía faltar, la cereza del pastel, el bar!!!
A este edificio se llega en el Metro, o en automóvil y taxi, desde luego, pero el Metro es en Shenzhen el mejor medio de transporte, es muy moderno, limpio, seguro y rápido.
Tom y yo quedamos encantados con este restaurante y bar, porque he de decirles, que por esos rumbos hay una verdadera gama de lugares de todo tipo, y este nos pareció el mejor de todos.
En contraste con este lujoso lugar, una vez, íbamos en nuestras bicis, paseando, cuando llegamos a un muelle, muy cerca de nuestro depa, y vemos un restaurante, ya saben, muy rústico, el típico tendajón, que en la Smógpolis de mis amores, Tom no hubiera comido ni un sope, ja,ja,ja. Porque él es muy cuidadoso para comer en lugares de ese tipo, dice que para pescar una tifoidea, mejor se abstiene, sin embargo, salían unos aromas deliciosos, y se veía mucha gente, y entonces nos pusimos a observar el lugar, los platillos, y el tipo de comensales, y vimos que llegaban personas en muy buenos coches, y muy bien arregladas, decidimos probar suerte, y estacionamos nuestros vehículos (bicicletas), y fue la mejor decisión culinaria de nuestra vida en Chinópolis. El restaurante era de pescados y mariscos, preparados deliciosamente, como nunca habíamos probado por esos lares, bueno te sentías en Mazatlán, Veracruz, La Paz, Acapulquito de mis amores, en fin, comimos delicioso y súper barato, y ese lugar se volvió uno de nuestros favoritos, Tom entraba hasta la cocina y a señas se entendía con los cocineros y nos preparaban verdaderos manjares, solo que tenía un gran defecto, había muchos gatos, como era en la calle, a cielo abierto, una cantidad de mininos iban a comer las sobrinas (sobras, ja,ja,ja), que la gente, muy amorosa les da, sin pensar en que dichos actos de amor, pues propician que estos animalitos se adueñen del lugar. A mi no me gustan los gatos, (excepto mi hermana Gato), y menos cuando andan pidiendo comida, en circunstancias normales, no hubiera regresado, pero la verdad, la sazón y la calidad de sus platillos, nos hacían pasar por alto esa pequeña inconveniencia, y es que en Chinópolis, todo fluye distinto, como que por esas tierras cambias hasta tus más arraigadas costumbres, si no, pues simplemente no comerías nada, y me queda claro que el ser humano se acostumbra a todo, menos a no comer, porque una vez que se acostumbra....pues se muere, ja,ja,ja. To be continued.....
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