lunes, 20 de abril de 2015

Desafiando las Leyes de la Física

Los días iban pasando, Tom ya había rentado un depa muy padre, piso 39, de 47, tres recámaras, 2 baños, 2 balcones, 360º de vista, todo Shenzhen y parte de Hong Kong.
El depa lo entregaban en 15 días, los cuales pasamos  en el hotel, ahí decidí adquirir una bicicleta, pues era el medio  más atractivo de transporte para mi, yo siempre he sentido una fascinación por las bicis, a la vez que te transportas haces ejercicio y además disfrutas del paisaje.
Ibamos caminando, cerca del hotel, cuando vi mi bici, era toda rosa, completamente china, tenía una parte plateada y su placa. Me hizo click, además baratísima, razón por la que Tom no la quería, me decía que comprara algo de mejor calidad, pero yo necia, como para qué querría algo más caro, si ésta me daba el mismo servicio, con el plus de ser totalmente local, ya de por sí, ser pelirroja en Chinópolis, es como ser un perro Chihuahueño en China.
Ya tenía bici, me faltaba mi sombrilla, y una tarde, la encontré, tal cual la imaginé, rosa, con lentejuelas y chaquiras, pequeña y muy coqueta, ahora sí, ya era yo una mujer totalmente equipada, al más puro estilo oriental. Mi sombrilla se convirtió en un amuleto, me acompañó por todo Chinópolis, y ahora en Abu Dhabi, sigue aquí conmigo.
Y nos entregaron el depa, qué bonito estaba, yo podía pasar horas en el balcón, además desde el balcón de la recámara alcanzaba yo a ver la estación del Metro y cuando Tom llegaba  en Metro, me marcaba y yo lo iba viendo con mis binoculares hasta que prácticamente entraba al depa.
Cuando empecé a vivir por estas tierras, pues vas conociendo a la gente en general, sus costumbres, sus conductas, su cotidianidad, cómo se conducen en los distintos eventos, ya saben, por ejemplo, cuando haces una cola, para pagar en algún comercio, en el banco, etc., los Chinos se te pegan, hombre o mujer, es igual, los tienes encima de ti, en mi tierra Azteca, eso sería muy mal visto, como un acoso sexual, como si el de atrás buscara algo más que solo esperar a que lo atiendan, ja,ja, ja, pues no, acá no, sólo es un Chinito (a) esperando a que le den un servicio.
En un principio, esa cercanía me sacaba de onda, y volteaba a verlos con ojos de pistola, pero ellos ni se inmutaban, se quedaban como si nada, y seguían invariablemente mirando compulsivamente sus celulares, que dicho sea de paso, son  como un brazo, un ojo, una oreja, una pierna, o sea, todos  en China, chicos o grandes, hombres, mujeres o quimeras, todos tienen un celular que atender. Entonces pensaba yo en las Leyes de la Física, aquella que dice que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, pues en Chinópolis, qué creen, sí se puede.  To be continued......

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